Una normalidad biológica muy relativa

Cuando el crecimiento deja huellas: el ejemplo del pie

Hay que recordar de dónde venimos. Al nacer, el cuerpo de un bebé es una especie de rompecabezas complejo con muchos más huesos que en la edad adulta, a veces cerca de 300. Es enorme, si lo pensamos bien. A medida que crecemos, la naturaleza suele hacer limpieza: muchos centros de osificación terminan fusionándose progresivamente para construir estructuras más grandes y sólidas. Pero la naturaleza no siempre es un reloj suizo. En algunas personas, este proceso queda parcialmente incompleto. Deja fragmentos óseos autónomos, como pequeños testigos del pasado.
Quiero aclarar que estas variaciones no son una enfermedad ni una anomalía rara y aterradora. Simplemente reflejan otra trayectoria, un camino transversal del desarrollo óseo. Los anatomistas, esos exploradores del cuerpo humano, hablan entonces de «centros de osificación secundarios» que, por una u otra razón, nunca se han fusionado con el hueso principal. El fenómeno es bastante común: afecta tanto a los pies como a las caderas o incluso a la columna cervical. Para que se hagan una idea de la magnitud del fenómeno, unos estudios muy serios publicados en la revista Scientific Reports en 2024 han cuantificado este fenómeno. Basándose en el análisis minucioso de colecciones de esqueletos portugueses, los investigadores demostraron que alrededor del 18 % de los individuos presentaban al menos un hueso accesorio en el pie. ¡Casi una de cada cinco personas! Esta frecuencia es bastante increíble y nos recuerda que el esqueleto humano tolera una gran variabilidad, sin que ello altere necesariamente su función cotidiana.
Fantasmas invisibles que a menudo se confunden con fracturas

Algunas regiones del cuerpo parecen ser terreno abonado para estas variaciones. El pie es un ejemplo emblemático (sin duda, nuestros pies tienen secretos), con huesos de nombres un tanto bárbaros como el hueso trigonum o el hueso navicular accesorio. A menudo están ahí, ocultos en la sombra, sin provocar ningún síntoma. Su presencia no altera la marcha ni la estabilidad articular en la mayoría de los casos. Literalmente, caminamos sobre huesos sobrantes sin saberlo.
Cuando la anatomía se despierta: cadera, cuello y dolores inexplicables

Una amplia revisión publicada recientemente, en 2025, en la revista Bratislava Medical Journal se ha centrado en este fenómeno, centrándose en los huesos accesorios de la cadera y, en particular, en un determinado hueso acetabular. Los autores muestran que este hueso está presente en menos del 5 % de la población general. Es poco, sin duda. Pero la cifra aumenta entre los pacientes que sufren dolor o conflictos articulares. Su tamaño y posición influyen directamente en la sintomatología y, por ende, en las decisiones quirúrgicas que se deben tomar. Otro ejemplo que da un poco de miedo, pero que está bien documentado, es el de las costillas cervicales. Se trata de huesos supernumerarios situados en la base del cuello. Según la famosa Cleveland Clinic, hasta un 1 % de las personas tienen una o dos sin siquiera saberlo. El problema es que, en casos excepcionales, pueden comprimir nervios o vasos sanguíneos. ¿El resultado? Dolor y debilidad en el brazo. Su correcta identificación permite evitar tratamientos inadecuados y orientar el tratamiento hacia la verdadera causa del problema. Estas situaciones nos recuerdan que estos huesos no son solo curiosidades de museo; su reconocimiento desempeña un papel clave para comprender ciertos dolores inexplicables, especialmente en los deportistas.
Conclusión
